Encuadre taxonómico
Nombres comunes
Introducción
Ecología
Clima
Suelo
Características de la madera
Repoblación
Selvicultura
Aspectos fitosanitarios
Otros Aspectos de Interés
Referencias





Encuadre taxonómico

Reino: Plantae.
División: Pinophyta.
Orden: Pinales.
Familia: Pinaceae.
Subfamilia: Abietoideae.
Género: Picea.
Especie: P. abies (L.) Karsten.

Nombres comunes

Abeto rojo, árbol de Navidad, falso abeto, pícea de Noruega, pino abeto, pícea.

Catalán: pícea, avet roig.
Gallego: falso abeto vermello.
Euskera: izei gorria.
Portugués: espruce-europeu, falso abeto vermelho.
Inglés: Norway spruce.
Francés: épicéa commun.
Italiano: picea commune.
Alemán: Fichte.


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Introducción

La Picea abies (abeto rojo) es una conífera de la familia de las pináceas que no pertenece realmente al género Abies, los propiamente denominados abetos, por lo que en ocasiones se le llama también "falso abeto".
La característica de esta pícea es su copa piramidal, muy regular, densa y de coloración muy oscura a distancia, con estructura variable según razas. Puede alcanzar los 70 m. de altura, aunque generalmente no sobrepasa los 30-50 m. El sistema radical es somero, con raíces laterales alargadas, proporcionando escasa resistencia al derribo por torbellinos y huracanes. Sus ramas son de inserción opuesta, y presentan diferentes disposiciones que dan lugar a la distinción de numerosas razas. Así, en las de llanura y baja latitud la copa es más amplia, con ramas al fin descendentes, arqueadas hacia la guía y ramillas secundarias y terciarias péndulas; en las razas de montaña y grandes latitudes, las ramas y ramillas son cortas, patentes, situándose en planos horizontales, dando un porte columnar, o bien se dirigen hacia abajo, dando una copa estrecha y aguda.
El tronco es grueso y recto, de hasta 2 m. de diámetro, con corteza grisácea o pardorrojiza que se escama ligeramente con la edad. Ramillas de color pardo o pardo-amarillento, opuestas, casi siempre reflejas y colgantes, recorridas por costillas salientes. Hojas aciculares de entre 1 a 2,5 cm. de longitud, rígidas y puntiagudas, dispuestas en verticilos y de color verde oscuro brillante. Las ramas nuevas que brotan en primavera son amarillo verdosas.
Conos masculinos ovoides, de 2-2,5 cm, de color rojizo o rosa-carmín, axilares o terminales, rodeados de un involucro de brácteas estériles en la base. Son muy numerosos, dando lugar a una polinización intensísima que en los bosques nórdicos cubre el suelo de una capa amarilla, a veces claramente aparente en la superficie de lagos, pantanos y charcas.
Conos femeninos erguidos, cilíndricos, generalmente terminales, más raro axilares. Después de la fecundación van girando hasta quedar colgantes las piñas, que son sentadas o subsentadas, a la madurez cilíndricas u ovoideo-cilíndricas, de 10-18 por 3-4 cm, con numerosas escamas seminíferas delgadas, de borde redondeado, escotado o terminado en punta dentada y contorno trapezoidal, que ocultan por completo a las escamas tectrices; su color pasa de verde o rojo antes de la madurez a finalmente pardo y lustroso. Semillas casi triangulares, de color pardo-marrón, prolongadas en una ala membranosa más larga que ellas; pesan 5-10 mgr. Las piñas se abren para dejar salir las semillas, pero no se deshacen.
Florece en Abril-Mayo, los piñones maduran a partir de octubre del mismo año y seguidamente tiene lugar la diseminación.
La dehiscencia de los estambres de cada pie tiene lugar después del tiempo de fecundación de los conos femeninos, para evitar la autofecundación.


Ecología:

Su área natural se extiende por el Centro y Norte de Europa. En el Centro aparece como árbol de montaña, con distribución discontínua, encontrándose en los Alpes, Jura, Selva Negra, Bohemia, Cárpatos, Transilvania y Yugoslavia. En Escandinavia, Rusia y Norte de Polonia es árbol de llanura, en áreas separadas de sus localidades más meridionales, pero en contacto y mezcla con la euro-siberiana Picea obovata (pícea siberiana), con la que se hibrida y muestra variadas formas de tránsito. En las montañas de Europa Central se extiende en un ámbito altitudinal de 800-1600 m. conviviendo frecuentemente con el alerce. El abeto rojo no llega naturalmente a las regiones limítrofes con el Atlántico, pero ha sido extendido artificialmente por todo el oeste europeo, de Escandinavia a Francia; en Gran Bretaña por ejemplo su introducción data de alrededor del año 1500 (Árboles de España y Europa. David More, John White. Ediciones Omega). En España, como en muchas otras regiones templadas y frías del mundo, se viene empleando con relativa frecuencia en jardines y parques, aprovechando sus cualidades ornamentales. En algunas localidades del Pirineo (Canfranc) y de Cantabria se han plantado rodales de esta especie en perímetros de ensayo o de repoblación protectora. En su extensa área natural aparecen muchas razas bien definidas desde el punto de vista ecológico y biológico, pero a veces de difícil distinción morfológica.
En los límites inferiores de su dominio se mezcla y toma contacto con el haya y el pinabete (Abies alba). En la parte superior con Pinus cembra y Pinus uncinata.
Su área se ha ensanchado mucho a expensas, en gran parte, de los dominios del pinabete, junto con los del haya y los robles.
Especie de media luz, coloniza terrenos desnudos o masas claras de otras especies, pero da en el suelo una sombra densísima, resultando sus masas jóvenes y adultas de una gran pobreza florística, prácticamente sin sotobosque asociado. Sólo al llegar sus rodales a la decrepitud e iluminarse el suelo entre los árboles muertos, pueden entrar algunos musgos y pocas especies fanerógamas; es excepcional encontrar en los montes de abeto rojo un sotobosque de matas o arbustos. En Escandinavia y Norte de Rusia los montes incendiados son colonizados por los abedules, a su vez desplazados por el abeto rojo.

En Europa central y septentrional. Se cultiva con frecuencia en la Península y a veces se ve subespontánea.
Esta especie requiere:
- Temperaturas: Proteger de las heladas tardías.
- Humedad: La copa ha de pulverizarse de vez en cuando durante el periodo de máximo calor.
- Riego: Evitar que el substrato se seque por completo. Es sensible sobretodo a la sequía del verano.
- Abonado: Cada 20-30 días, desde principios de primavera a verano o de finales de verano a pleno otoño. Se recomienda aplicar 3 veces al año productos a base de hierro.
Mapa distribución Picea abies en Europa.



Clima:

Para su cultivo debe situarse a pleno sol o a semisombra.
De templado a frío, húmedo. Puede crecer a la sombra de otros árboles.



Suelo:

Necesita suelos profundos y húmedos. Es sensible a las heladas y sobretodo a la sequía del verano. No soporta suelos secos ni calcáreos.
Prefiere vivir en zonas montañosas o frescas.



Características de la madera:

La madera, de color blanco amarillento rosáceo, recuerda a la del pino silvestre (Pinus sylvestris L.), distinguiéndose fácilmente en tablón o tabla porque la del pino sólo presenta nudos verticilados, mientras que la de abeto rojo entre los nudos principales verticilados presenta otros menores de repartición irregular, debido al tipo de ramificación. Es además muy liviana (peso específico 0,420 kg/dm³), blanda, compacta y uniforme, lo que la hace fácil de trabajar y de buen acabado.

Anatomía de la madera: Madera con anillos de creciemiento diferenciados, con canales resiníferos fisiológicos, de células epiteliales gruesas en número mayor a 9, con un diámetro medio en torno a 40 µm. Traqueidas de sección poligonal, en número de 5000 por mm², y un diámetro medio de 15 a 18 µm. Presencia ocasional de meatos. Parénquima longitudinal ausente o escaso. Traqueidas longitudinales con engrosamientos helicoidales en las traqueidas de la madera de primavera. Punteaduras areoladas presentes en las paredes tangenciales de las traqueidas longitudinales, con un diámetro medio de 5 a 6 µm. Radios leñosos uniseriados, pudiendo llegar hasta 26 células. Su número por mm² se encuentra en torno a los 55. Las punteaduras areoladas de las paredes radiales de las traqueidas longitudinales son redondeadas de abertura circular, y se disponen en filas uniseriadas y biseriadas, siendo su diámetro medio de 10 a 13 µm. Cuando son biseriadas aparecen barras de Sanio. Radios leñosos heterogéneos, con traqueidas radiales dentadas, con dientes de menos de 2,5 µm, en posición marginal y sin engrosamientos helicoidales. Parénquima radial de paredes axiales noduladas y horizontales punteadas. Hendidura radial presente. Punteaduras de los campos de cruce de tipo piceoide, normalmente de 1 a 2 punteaduras por campo, pudiendo llegar hasta 5, con un diámetro medio de 4 a 6 µm.



Repoblación:

Cultivada como ornamental en parques y jardines, así como en pequeñas repoblaciones forestales.
Se ha repoblado con ella sobre todo en el norte de España (Pirineos y Cantabria) y está introducida localmente en algunos puntos de la Sierra de Guadarrama (umbrías del puerto de Canencia, las dehesas de Cercedilla).
Para reproducir la especie se puede hacer por semilla o por esqueje. En el primer caso se procede a la pregerminación en área húmeda durante 8-10 días debido al letargo del embrión, también se puede estratificar la semilla de 1 a 3 meses alrededor de 4ºC durante el invierno; cuando comienza a germinar, se siembra con un recubrimiento de 0,5 cm. En el caso de la pregerminación en área húmeda, las plántulas emergen a las tres semanas.
Algunas variedades de Picea abies, como las enanas y las de acículas coloreadas, como la variedad "Virgata", reproducen fielmente sus características por semillas, en un 10-15% de los brinzales.
En la reproducción por estaquillado, se practica únicamente para las variedades enanas que no dan semillas fieles a sus características y se hace erectas a partir de injertos como en P. abies "Remontii". Las estaquillas deben ser terminales, obtenidas desde mediados de junio a finales de julio. No enraizan rápidamente -suelen tardar 2 años-, pero reproducen exactamente las características de la planta madre. Esto pasa con las variedades "Remontii", "Pigmaea", "Ohlendorfii", "Merkii", "Haxwell", etc. La "Nidiformis" lo hace en un año. El estaquillado de las píceas debe hacerse siempre en cajoneras calientes (J. García Salmerón. 1995).

Reproducción:
La regeneración natural no resulta fácil, salvo en sus áreas naturales, y a veces se ve favorecida por la mezcla con Abies alba.
Comienza a producir semilla a partir de los 40 años, generalmente con fructificación vecera, de 3 a 6 años de ciclo. Las semillas son muy pequeñas, un Kg de ellas contiene en número unas 130.000.




Selvicultura:

La poda natural es mediocre y tardía en zonas montañosas, y a menudo inexistente en plantaciones de llanura. Es por lo que una poda de penetración (la primera poda de todos los árboles hasta los dos metros de altura), puede resultar útil cuando los árboles alcanzan los 6 a 7 m. de altura; a menos que se proceda a una clara sistemática, la pícea se presta muy bien -en ciertas condiciones- a este tipo de clareos. A pesar de los usos que valoran la poda, las opiniones sobre la rentabilidad de la poda en la pícea de llanura están divididas. Se barajan dos argumentos a este respecto:
- por un lado, los nudos adherentes de la pícea deprecian menos la madera que los de otras especies;
- por otro lado, la frecuencia de la aparición precoz (entre 20 y 40 años) de una pudrición de la madera debida al Fomes annosus obliga a recoger rápidamente las píceas del llano, lo que tiene como consecuencia atenuar los beneficiosos efectos de la poda. Además, el aclareo -complemento indispensable de la poda- contribuye a favorecer la propagación del Fomes.
Teniendo en cuenta estas observaciones, cuando se pode la pícea habrá que hacerlo pronto y aclarando vigorosamente.
El número de tallos a podar varía entre 200 y 250 por hectárea. Se puede elevar hasta los 300 tallos en el caso de una cosecha precoz, ya que la pícea tiene una copa menos extendida que otras resinosas del mismo género.
Se escogerán los tallos a podar entre los más vigorosos y los que tengan un tronco derecho y sin horquillas.
La poda manual no ofrece dificultades particulares.
La corta de ramas gruesas de árboles de lindero, podadas demasiado tarde, va a menudo seguida de un derramamiento de resina con hinchamientos; pero la resina es arrojada hacia el exterior a medida que el árbol cicatriza. No existirán, pues, formaciones de bolsas de resina incluidas en la madera a consecuencia de las podas.
El número de operaciones de poda varía entre 3 y 4 en árboles aislados, y entre 1 y 3 en árboles en poblaciones.

Tallas de formación: Después de una helada tardía se destruye el brote joven de la pícea y el árbol se bifurca. Una talla de formación se impone en este caso, ya que las horquillas de la picea son persistentes, en especial cuando la mayoría de los árboles son horquillados, o bien si la plantación se ha realizado a densidad baja (lo que es raro en el caso de esta especie).

Poda: Realizar las primeras intervenciones importantes sobre las raíces a la vez que el trasplante y la reducción de la copa. Eliminar las ramitas que eventualmente puedan aparecer en la base de las ramas principales; también las que muestran poca viabilidad y las que se dirigen decididamente hacia arriba o abajo, para obtener así una serie de pisos horizontales lo más compactos posible.



Aspectos fitosanitarios:

El amplio uso que, gracias a su gran plasticidad ecológica, se ha hecho de esta especie fuera de su habitación natural, ha sido causa de que las masas de repoblación sufran violentos ataques de enfermedades como la pudrición de las raíces por el hongo Ungulina annosa o el Fomes annosus, así como de insectos tales como Limantria monacha defoliando su copa.
El gorgojo (Hylobius abietis) también ataca a la pícea alimentándose de la corteza. Se recomienda evitar el debilitamiento de la masa.



Otros Aspectos de Interés:

Históricos

Numerosos estudios han situado las raíces del árbol de Navidad en la época de los romanos, pero lo cierto, aunque parezca mentira, es que hay que remontarlo a épocas muy anteriores. Así, eran los antiguos egipcios quienes celebraban los fines de año con una ceremonia en la que era común llevar una penca de palma de doce hojas, una por cada mes del año. Con todas ellas se realizaba una pirámide y se quemaba en honor al dios Tor.

No obstante, el árbol de Navidad como hoy lo conocemos tiene su nacimiento en Alemania, en la primera mitad del siglo VIII, cuando mientras San Bonifacio, un misionero británico, se encontraba predicando un sermón para convencer a los druidas alemanes de que el roble no era sagrado, en el día de Navidad derribó uno de ellos. El roble cayó destrozando todos los arbustos y árboles más pequeños que encontró a su paso, de los que consiguió salvarse un pequeño abeto. San Bonifacio, representó esto como un milagro y le llamó 'el árbol del Niño Dios'. Así, en las sucesivas Navidades los cristianos celebraban la festividad plantando abetos y, posteriormente, esta costumbre evolucionó hasta dar lugar a la actual decoración. En España, ha tardado en arraigarse y no ha sido hasta mediados del siglo XX cuando se ha popularizado.

La colocación en el hogar de un pequeño pino o abeto es uno de los actos más significativos de la Navidad en nuestros días. Éstos árboles, por no perder su follaje en invierno, eran desde milenios un símbolo de la vida. Sin embargo, no es suficiente la presencia del árbol, sino que es necesario que éste se encuentre decorado con diversos adornos, entre los que se encuentran las esferas de cristal, las figuras diversas que se cuelgan o el popular espumillón, es decir, bandas alargadas brillantes. No obstante, si se quiere decorar de forma perfecta el abeto es necesario incluir iluminación, que le proporciona un aspecto más espléndido y navideño.

De cualquier forma, se pueden citar una serie de elementos que forman parte de una simbología cristiana y que se hacen presentes en el abeto, como la estrella que se coloca en la copa de éste y representa el astro que siguieron los tres Reyes Magos y que les guió hasta Belén. Este elemento puede ser sustituido por un angelito, que podría venir a interpretar la paz que se vive en estas fechas, o el Arcángel, que comunicó a la Virgen su estado de buena esperanza.

El resto de los elementos también tienen su significado o constituyen la evolución de otros elementos simbólicos. De hecho, antes de colocarse luces eléctricas la iluminación provenía de velas que simbolizaban purificación y la idea de que Cristo es la luz que guía al mundo. Por su parte, las herraduras son otro elemento habitual en esta decoración y constituyen un antiguo amuleto de buena suerte. Tampoco se pueden olvidar las manzanas o bolas de colores, como una forma de atraer la abundancia para la época venidera y que aparecieron en Bohemia en el siglo XVIII, o las campanillas, que son muestra de la alegría de estas fechas.

Usos y Costumbres

Muy apreciada como ornamental, se conocen cerca de 60 razas o variedades de cultivo. La madera se emplea como madera de construcción, para pilotes, postes y apeas, en carpintería de taller, ebanistería y fabricación de aviones y objetos pequeños; tiene gran importancia en la fabricación de pasta de papel, ideal para la impresión de periódicos, y entre muchas otras aplicaciones especiales puede citarse la fabricación de cajas de resonancia de instrumentos de cuerda; los famosos violines de Stradivarius fueron construidos con madera de abeto rojo. La leña tuvo amplia aceptación, dentro de su área, para calefacción.
Merece destacarse como su principal aplicación económica en España la cría y venta de árboles de Navidad, que de año en año ofrece mayor envergadura. El abeto rojo es considerado típicamente el árbol de Navidad por los españoles y su uso está cada vez más en alza, en detrimento del tradicional Belén, por cuyo motivo se hace un intenso cultivo y comercio de esta especie, que se reemplaza muchas veces por los pinos, más económicos pero mucho menos decorativos. En Centroeuropa se emplea con este fin el abeto común (Abies alba). Para esta industria se crían árboles en maceta, que se suelen servir a los 3-10 años o bien se crían en tierra, talándolos y clavándolos en maceta o fijándolos simplemente en el suelo para su uso, con las mismas edades. Las especies del género Picea se cultivan mucho en jardineria, por lo que es posible encontrarse con bastantes especies diferentes en los parques y jardines. De acuerdo con Plinio, la pícea era la fuente más importante de pez en la antigüedad, aunque por estar adaptada a climas frios y más lluviosos no era muy accesible a los pueblos mediterráneos, que debieron depender también bastante de los pinos para obtenerla.
Utilizada como ornamental ha dado lugar a numerosas variedades cultivadas muy interesantes para el jardín. Entre variedades, se citan:
- "Clandrassiliana" variedad de crecimiento enano (no supera los 2 m. de altura en su edad adulta), con porte redondeado, más ancho que alto, sobre el que destacan las puntas de sus ramas. Brotes en verde tierno y follaje en tono oscuro.
- "Gregoryana" variedad de crecimiento enano con porte globular muy cerrado en tono verde claro.
- "Nidiformis" puede que sea la variedad más conocida de cultivo de 'P. abies'. Crece hasta 2,5 o 3 m. de altura, se caracteriza por su copa ancha y abierta, inspiradora de su nombre.

Árboles singulares

Abetos rojos de La Cebedilla I y II, en Lozoya del Valle (Madrid).



Referencias

http://es.wikipedia.org/wiki/Picea_abies
- Guía de los árboles y arbustos de la Península Ibérica y Baleares. G. López González. Ediciones Mundi-Prensa.
- Árboles y arbustos de la España peninsular. Juan Ruíz de la Torre. Coedición: Fundación Conde del Valle de Salazar y Ediciones Mundi-Prensa. 2001.
- Árboles de España y de Europa. David More, John White. Ediciones Omega. 2003.
- Manual de repoblaciones forestales II. J. García Salmerón. Fundación Conde del Valle de Salazar. 1995.
- Poda y formación de los árboles forestales. Michel Hubert, Rene Courraud. Ediciones Mundi-Prensa. 1989.
- Anatomía e identificación de maderas de coníferas a nivel de especie. Varios autores. Coedición: Fundación Conde del Valle de Salazar y Ediciones Mundi-Prensa. 2002